Jun  25

Estrategias para DECIR NO a los hijos y las hijas de forma positiva

Aprender a decir “no” en las relaciones sociales que establecemos en nuestra vida es un aspecto clave y, especialmente, con nuestros/as hijas e hijos. Entre los beneficios que obtenemos cuando sabemos decir “no” de forma asertiva, es decir, de una manera positiva, se encuentra el hecho de que nos sentiremos mejor con nosotros/as mismos/as, mejorará nuestro autoconcepto, pondremos en práctica menos conductas de riesgo y las relaciones interpersonales serán más sanas y enriquecedoras.

En lo referente a la relación entre progenitores e hijos/as, no son pocas las situaciones en las que padres y madres acaban cediendo a las presiones y respondiendo un “sí” o un “no” sin una verdadera convicción al respecto, con consecuencias no deseadas y transmitiendo a los/as menores modelos de actuación demasiado rígidos o por el contrario muy permisivos. Todo ello, con la posibilidad de condicionar futuras decisiones en contextos similares ante demandas parecidas.

¿Por qué nos cuesta decir “no”? Hay múltiples razones para ello. Pero destacamos la necesidad de aprobación, el sentimiento de culpa, el miedo a las críticas o, incluso, al rechazo.

En la convivencia con los descendientes, resulta importante tener en cuenta una serie de pautas, que favorecerán la asunción del no desde una perspectiva positiva y saludable como es la comunicación asertiva y que permitirá contar con un modelo de referencia basado en conductas socialmente habilidosas.

Entre las estrategias para poder desarrollar un “no asertivo” destacamos:

  • Es importante escuchar la demanda concreta hasta el final. No es preciso comunicar el “no” con premura. Si escuchamos atentamente, tenemos la posibilidad de conocer con precisión la petición de lo que se nos solicita, no juzgar-valorar sin tener toda la información y proponer alternativas a la situación.
  • Tómate un tiempo para pensar en la respuesta y ofrecer argumentos que expongan las consecuencias de llevar a cabo su petición. Es preferible postergar la respuesta que hacerlo inmediatamente con un alto coste emocional y un deterioro en la relación. No siempre es necesario responder a todo y en todo momento.
  • Pon en práctica la empatía. Trata de entender lo que solicita tu hijo/a y las razones últimas de su demanda sin dejarte llevar por intentos de manipulación o chantajes por su parte o por momentos emocionales propios inadecuados.
  • Cuando se haya decidido decir “no”, es imprescindible explicar la postura con buenas maneras, pero sin justificaciones. Un simple “No lo veo”, “Lo siento, pero hoy no va a poder ser” pueden ser suficientes. Un mensaje claro y breve será la mejor opción.
  • Atiende a tu comunicación verbal y no verbal: mirada firme e intermitente, postura erecta, tono y volumen de voz conversacional, gestos de tranquilidad, firmeza en lo expuesto, etc. Recuerda que si el mensaje verbal y no verbal es contradictorio, siempre primarán los gestos y actitudes frente a las palabras.
  • Refuerza la asunción del “no” por parte de tu hijo/a. Es un avance en el proceso madurativo, en lo relativo a la tolerancia a la frustración y en la postergación de las necesidades inmediatas y conviene valorarlo positivamente.
  • Si la respuesta ante el “no” es negativa o desafiante es necesario dejar el diálogo a un lado y buscar un momento más propicio para continuar hablando, sin ceder nunca a las presiones inadecuadas. Si han existido faltas de respeto y una conducta violenta, será fundamental solicitar una disculpa.
  • Si ante el “no” el comportamiento es persistente insistiendo en la demanda, podemos emplear distintas técnicas como el disco rayado (se persiste una y otra vez en el mensaje con un tono de voz conversacional. “Lo siento, esta semana no me va a ser posible. Lo siento, esta semana no me va a ser posible, etc.) o el banco de niebla (se está de acuerdo en parte de lo planteado, pero se mantiene la decisión inicial. Solo atendemos a la parte del mensaje que compartimos y dejamos a un lado los elementos manipulativos. “En lo referente a jugar hoy con la Play, sabes que no puede ser porque es martes”.

 

Como parte de una buena educación, se ha de enseñar a decir que no a los/as hijos/as y conviene hacerlo desde etapas muy tempranas y en momentos adecuados. Asimismo, se recomienda ponerlo en práctica con ellos/as con el fin de favorecer un control de su conducta para una posterior regulación por su parte. De este modo, cuando llegue la adolescencia tendrán más posibilidades de reafirmarse en su posición, en sus valores y en sus comportamientos. En definitiva, contarán con una mayor capacidad para expresar lo que piensan, sienten y quieren ante determinadas situaciones sin dejarse llevar por la presión ejercida por su entorno. Esto facilitará el que los/as menores eviten poner en práctica conductas de riesgo como el consumo de drogas, mantener relaciones sexuales sin su deseo o ser víctima de violencia y desarrollen unas habilidades de rechazo y negociación sanas.

Susana Piedra, psicóloga y técnica de sensibilización en mediación escolar e intergeneracional.

 

 

 

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