May  06

Pautas para afrontar la sensación de incertidumbre provocada por el COVID19

Podemos decir que la incertidumbre es una falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud.

Actualmente vivimos una situación de gran incertidumbre, solo nos surgen preguntas: cuándo volveremos a las clases, al trabajo; cuándo podremos volver a ver y abrazar a la familia, amigos; cómo estará nuestra situación laboral cuando termine el estado de alarma, etc.

Todo son dudas. La incertidumbre está relacionada con esa necesidad que tenemos de saber qué va a pasar a continuación, de forma que nos podamos anticipar, lo podamos controlar y no nos pille desprevenidos/as.

Hay personas que toleran la incertidumbre mejor que otras. Las personas que se encuentran en una situación de gran incertidumbre dedican muchos recursos cognitivos para resolverla.

Algunas pautas para el alivio de la incertidumbre pueden ser las siguientes:

  • Tenemos que aceptar que estar preocupados/as es normal. No tenemos que intentar controlar ni estar seguros/as de todo, todo el tiempo, no podemos predecir el futuro.
  • Cuando sentimos miedo a la incertidumbre es porque vivimos inmersos en expectativas irreales, es decir, lo que pensamos no es cierto (o al menos no lo sabemos en ese momento). Así que para tener la mente lejos del futuro, mejor tenerla en el presente, que es el único momento que podemos vivir.
  • Para aprender a conseguir tener la mente en el presente podemos practicar Mindfulness. Es la capacidad de poder estar en el presente y de “recordarnos” estar en el presente. Es decir, constantemente volver al aquí y ahora.
  • Evitar el planteamiento “todo o nada”. No trivializar el problema pero tampoco dramatizarlo.
  • Tenemos que intentar ver las noticias un máximo de dos veces al día.
  • Hay que contrastar la información que nos llega con fuentes oficiales.
  • Evitemos dar respuestas a todas las preguntas. Por lo tanto, evitemos resolver la incertidumbre por todos los medios, no sobre-informarnos.
  • Cambiemos el foco de atención del virus a otros aspectos de nuestra vida.
  • Muchas veces no tenemos interiorizado que lo mejor que podemos hacer para desviar nuestra atención es distraernos. En esta línea podemos añadir algo más: cuanto más placer obtenemos de una actividad más fluimos en ella y, por lo tanto, más nos distrae. Por ello, dedicar tiempo a nuestras aficiones nos va a ayudar. Resolver crucigramas, sudokus u otros pasatiempos también puede resultar útil.
  • Las tareas que requieran actividad física van a ser más efectivas que aquellas en las que permanecemos pasivos/as. Realizar un ejercicio físico que nos guste puede convertirse en nuestra forma favorita de reducir nuestro malestar emocional. De hecho, no hay que olvidar que cuando hacemos deporte segregamos endorfinas que aumentan nuestro afecto positivo.
  • Teniendo siempre en cuenta realizar ejercicio físico y teniendo claro cuál es nuestro estado físico y nuestras capacidades, no es necesario actividades físicas intensas, también podemos bailar nuestra música favorita, ejercicios de estiramiento, yoga, etc.
  • Podemos compartir nuestras preocupaciones con amigos, familiares o personas que constituyan un apoyo.
  • Tratar de no comentar ni compartir las noticias que lleguen a nuestro móvil u oídos, salvo cosas estrictamente necesarias. Tratemos de no hablar del virus, sino de otras cosas, como por ejemplo de las actividades que estamos realizando.
  • Generar una rutina y hacer una lista de todas las cosas que no podemos hacer normalmente por falta de tiempo (ver películas o series, leer, ordenar, etc.) y ahora podemos hacer.
  • Tenemos que concentrarnos en las tareas que llevamos a cabo. Hay que generar un espacio libre de virus. Podemos recordar un acontecimiento que nos haya hecho sentirnos felices.
  • De lo que se trata es de sumergirnos en alguna actividad que requiera nuestra concentración. Así, podremos dejar atrás nuestro discurso interno cuando es negativo. En este sentido, nos puede ayudar tratar de recordar la letra de una canción y cantarla mentalmente o en voz alta si estamos solos/as, no molestamos a nadie y la vergüenza no es un impedimento.

 

Hay que tener en cuenta que, cuando empecemos a ponerlas en marcha, es fácil que volvamos al tema que queremos evitar. Por ello, es muy importante promover las actividades a pesar del estado anímico que podamos tener.

Manahem Moya, mediador familiar de UNAF

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