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Pediatras de atención primaria: ¿qué hacer en los casos de divorcio difícil?

El 4 de febrero de 2016 nuestra mediadora Begoña González ha participado en el 13º Curso de Actualización en Pediatría 2016 para hablar sobre los “Aspectos jurídicos del divorcio difícil y de la mediación”, dentro de la mesa redonda “Problemática derivada del divorcio”. En este post, recopilarmos y resumimos las principales ideas de su ponencia:

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Begoña González Martín durante la ponencia

El divorcio, en ocasiones, tiene lugar en contextos de alta conflictividad entre los progenitores, cuyo abordaje es complejo y en el que se ven implicados diferentes servicios y profesionales.

Una de esas figuras profesionales involucradas en el divorcio difícil es el/la pediatra de Atención Primaria, en cuyas consultas se producen dos situaciones frecuentes: los desacuerdos de los progenitores sobre la salud de sus hijos/as y la solicitud de informes médicos con fines judiciales. Esas situaciones son resueltas por estos profesionales, sin dificultades, atendiendo a sus conocimientos clínicos y a su capacidad de comunicación.

En esos pocos casos en los que el/la pediatra ignore qué decisión debe adoptar, es útil que disponga de algunas nociones jurídicas básicas y que conozca que un buen recurso para conseguir y solventar las diferencias que mantienen esos progenitores divorciados es el de la mediación familiar.

Los padres y madres divorciados suelen necesitar orientación en esa etapa vital en la que se encuentran, embargados por los sentimientos de dolor, incertidumbre o temor, que provoca la ruptura. Apoyarles contribuye a ayudar a los hijos/as a adaptarse al divorcio.

El/la pediatra puede tranquilizar a las personas adultas, preocupadas por el impacto emocional del divorcio en los menores, y explicarles que ciertas reacciones que los hijos e hijas experimentan ante la ruptura de sus progenitores, como alteraciones en el sueño o en la alimentación, disminución en el rendimiento escolar, regresión, enfado o agresividad, tristeza, culpabilidad o miedo, son fruto de la adaptación intensa y rápida a la situación nueva que supone el divorcio, y son normales durante las semanas o meses siguientes a la separación.

Si esos síntomas se agudizan o persisten con el tiempo, el personal facultativo puede derivar a los niños a un especialista en salud mental porque “la atención y el tratamiento precoz de los problemas emocionales y de conducta de los hijos/as es una medida preventiva de trastornos psiquiátricos más relevantes en la edad adulta”.

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En los casos de divorcios difíciles, el/la pediatra puede informar de los servicios de mediación familiar públicos y privados existentes en prácticamente todo el territorio nacional.

La mediación familiar parte de la idea de que el divorcio no ha de suponer para los hijos/as la pérdida de alguno de sus progenitores y de que el ejercicio conjunto de la responsabilidad parental es un factor de estabilización emocional de primera magnitud para los y las menores.

En mediación, los progenitores, con la asistencia de un/a profesional imparcial que no tiene poder de decisión, pero sí capacidad de comunicación y negociación, tratan con detalle todos aquellos aspectos afectados por la ruptura (las decisiones sobre los hijos/as, su salud, educación, la vivienda, las necesidades económicas, etc.) para alcanzar acuerdos que satisfagan los intereses de los menores y de ellos mismos.

Esa intervención mediadora también puede tener lugar si, tras el divorcio, surgen  diferencias de criterio entre los progenitores o dificultades  o, incluso, incumplimientos de los acuerdos.

La práctica de la mediación ha demostrado ser un instrumento útil en la gestión de los conflictos familiares y, específicamente, para abordar la ruptura de la pareja. Atiende los aspectos legales del divorcio y, sobre todo, las emociones intensas que acompañan  a la ruptura, que están en el origen de muchos conflictos.

Los acuerdos alcanzados en mediación, al ser decididos y negociados por las propias personas protagonistas, son más satisfactorios y se cumplen con más frecuencia.

El beneficio es aún mayor para los y las menores. Estos perciben que sus progenitores siguen actuando como padres y madres y que los mantienen al margen de sus diferencias.

Autora: Begoña González Martín, abogada y mediadora familiar del Servicio de Mediación Familiar de la UNAF

Mediación para el Acuerdo
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